¿Qué es un Retiro Espiritual?


Los Retiros espirituales -en sus distintas modalidades- han sido utilizados durante siglos por las corrientes religiosas para mejorar su vida espiritual. Hasta hace unos años era fácil tener ocasión de hacer alguno. Hoy es menos frecuente. Y sin embargo, resultan ahora particularmente necesarios porque estamos inmersos en una cultura caracterizada por la ausencia de transcendencia.

 

La cultura del bienestar

Jamás el hombre, en toda su historia, soñó con un grado de confort como el que disfruta hoy. Nadie duda de que esto es un gran logro humano. Pero, por otro lado, ¿a quién se le escapa, a estas alturas, que no siempre satisface plenamente al espíritu humano? En un ambiente de consumismo y hedonismo se produce la asfixia del hombre espiritual, cuyos afanes e impulsos espontáneos quedan adormecidos y se van apagando poco a poco hasta llegar casi a desaparecer; como el rescoldo entre las cenizas.

Todos somos testigos de los tristes efectos de esta ciega sumisión al mero consumo: en primer término, una forma de materialismo craso, y al mismo tiempo una radical insatisfacción, porque cuanto más se posee más se desea, mientras las aspiraciones más profundas quedan sin satisfacer, y quizá incluso sofocadas”.
(Juan Pablo II, Solicitudo Rei Socialis, n.28)

 

La prisa

Nunca hemos vivido mejor; pero nunca hemos vivido tan agitados. El horario de trabajo, que a veces acaba demasiado tarde: la familia, a la que quizá dedicamos menos tiempo del que nos gustaría: compromisos ineludibles; relaciones sociales; reuniones e imprevistos de todo tipo… Enredados en una maraña de compromisos y obligaciones, a veces nos preguntamos si somos realmente los protagonistas de nuestra vida, o simplemente somos empujados por las circunstancias que, como una corriente demasiado fuerte, nos arrastran sin remedio.

El hombre agobiado de quehaceres,
en nada se ocupa menos que en vivir”.

(Séneca, Sobre la brevedad de la vida)

 

Dentro de la espiral

Muchos son conscientes de que están metidos en una dinámica humanamente empobrecedora. Sienten vagamente que en su vida -tan llena de ciertas cosas- falta algo. Pero no saben cómo cambiar el curso de las cosas. El trajín del día a día, en el que no queda demasiado tiempo, amortigua luego esos vagos deseos de cambio. Y todo sigue igual. Es la dialéctica de lo urgente y lo importante. Siempre hay algo urgente que nos impide encontrar tiempo para lo importante.

Y pasan los años sin que nos demos cuenta…
como esas estaciones en las que el tren no para”.

(R. Knox)

 

Un alto necesario

“¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Para quién trabajo de esta manera?… ¡Qué se detenga el mundo un par de días! ¡Necesito pensar!” – Pues bien, en cierto sentido un retiro hace realidad ese “milagro”. La paz de unos días de retiro sirve para pensar con calma en lo importante -lejos de lo que el poeta llamaba mundanal ruido- y poner un poco de orden en las ideas. Familia, trabajo, vida espiritual, amistades… ¿Está cada cosa en su sitio? ¿Tengo que redimensionar algún aspecto de mi vida?

 

¿Huir del mundo?

Apartarse del bullicio, retirarse unos días, buscar el silencio para pensar… ¿No será esto huir del mundo? ¿Acaso es malo el mundo? No. Un hombre/mujer de de verdadera espiritualidad debe amar apasionadamente el mundo en el que vive y los compromisos que de él dimanan. La agitación, el ruido, el bullicio de la sociedad moderna son para él su medio natural, en el que se encuentra a gusto, como el pez en el agua. Pero este ser, básicamente espiritual, sabe también que la ciudad de los hombres, que con su esfuerzo ayuda a construir, no es para él la verdadera patria. Su viaje le lleva más lejos. Unos días de retiro -como otros medios ascéticos que podemos practicar- nos ayudan no a renegar del mundo, sino a distanciamos lo justo para poder desenvolvemos en él con visión sobrenatural y encontrar nuevos sentidos para nuestro actuar cotidiano… nos hace, en definitiva, plenamente conscientes de que somos algo más que mera materia…

 

Aprender a hablar con Dios

Buscar la soledad es una constante en la historia de la espiritualidad, porque en la soledad acontece con más facilidad el encuentro del alma con Dios. Sin otras preocupaciones que distraigan nuestra atención, resulta más fácil dirigirse a Dios. Aprendemos así a manejarnos en esta actividad esencial a la vida cristiana: tratar a Dios, hacer oración, hablarle y escucharle. Los días de retiro se convierten de este modo en escuela de oración cristiana, que se prolongará luego en la vida diaria.

 

Siempre empiezo a rezar en silencio, porque es en el silencio del corazón donde habla Dios. Dios es amigo del silencio: necesitamos escuchar a Dios, porque lo que importa no es lo que nosotros le decimos, sino lo que Él nos dice y nos transmite”
(MadreTeresa de Calcuta. Camino de sencillez).

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