Ha resucitado, no está aquí. Vayan a Galilea, allí lo verán

Por Antonio Blöhsel svd

Hicimos un denso itinerario cuaresmal, en el que la liturgia nos presentaba a lo largo de seis semanas, aspectos relevantes de la vida Cristo. Experiencias y actitudes simbólicas de Cristo, que culminaron con su crucifixión el Viernes Santo. Su pasión y muerte en Cruz fueron la consecuencia intuida por el mismo Cristo como epílogo de su inclaudicable fidelidad al Padre: anuncio del Reino de Dios con palabras y obras.

Tras la condena del Procurador romano Poncio Pilato, “ibis ad crucem”, todo se desarrollaría en conformidad, y sin piedad,  a las leyes romanas. Murió como un malhechor más, como un opositor peligroso del orden establecido. Su fracaso no pudo ser más hostensiblemente expuesto que junto a otros dos ladrones de gallinas… y Él, ladrón del reino del César. Muere en la más absoluta soledad y abandono de los íntimos. Su tumba será una fosa común, bien que, según los delicados sentimientos del autor del Evangelio de Juan, sería inhumado en un “sepulcro nuevo”. Fue el 14 de Nissan del año 30. Cristo tendría 36 a 37 años.

Cuando todo parecía perdido, un fracaso… ¡oh sorpresa! El sábado, María Magdalena y otras mujeres van al “sepulcro nuevo” para ungir con perfumes el cuerpo de Jesús. Incrédulas, sólo encuentran la piedra de entrada removida y el sepulcro vacío. Pero, sí, ven a un joven con túnicas blancas que les dice: “No teman. Ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Vayan a Galilea, allí lo verán”. Y el otro discípulo también fue al sepulcro y “vio y creyó”. Y el otro discípulo que también corrió al sepulcro y entró “vio y creyó”.

¡Galilea! ¿Cómo no palpitarían los corazones de esas mujeres discípulas que en vida habían estado con Cristo y visto los milagros que allí había realizado? ¿Cómo no recordar y revivir la Misericordia de Cristo hacia los más deshauciados y marginados de la sociedad? Sí, lo seguían “viendo”. Llenos de esperanza en un futuro mejor. Sí, allí estaban “viendo” a Cristo. ¡Cuánto resonarían las palabras: “Ha resucitado, no está aquí. Vayan a Galilea. Allí lo verán”. Lo verán en los ciegos, leprosos, tullidos, paralíticos, sordomudos, en fin, en todos aquellos, que sólo esperaban un gesto de cariño, de misericordia, de Amor.

Sí, lo verán lejos del sepulcro y del templo, lejos de las instituciones: lo verán donde hay alguien que desea ver a ALGUIEN que con su persona le revele al Padre Bueno que hace llover sobre justos y pecadores.

¿No será que tendremos que salir del orden establecido y que con el Papa Francisco tengamos que ser Misericordiosos con todos, con los “más pecadores”, ya que nos consideramos “santos” y sin necesidad de Misericordia?

Y ¿no será que tendremos que replantearnos muchas cosas de nuestra vida cómoda y de instalados y vivir sirviendo a los demás y no dejar servirnos por los demás?

Deja un comentario